jueves, 5 de enero de 2017

UNOS REYES MAGOS CASI GÓTICOS





En la casa, había un pequeño cuarto pegado a la que fue habitación de los padres. Era una especie de
gabinete ya decadente, con papel de rayas en las paredes y tapicería azul.
Allí se recogía la madre casi todas las tardes.
La habitación, increíble, dejaba ver la rabia del invierno castellano a través de un 
ventanal que se estiraba del suelo al techo, y dentro, la espina que Mencía lleva clavada desde niña.

Recuerda a su madre cosiendo, oliendo a lavanda, las manos cuidadas, el pelo muy brillante….. 
mientras ella, aún muy niña, jugaba con la antigua casita de muñecas también azul.
Hasta le permitía sacar el pequeño bebe y pasearlo en su sillita por encima de la mesa.

Una mala noche la madre murió.

Por las tardes, al volver del colegio, Mencía, siguió yendo a la pequeña habitación.
Se sentaba en la butaca que había sido de su mamá y jugaba con la preciosa casita.
Pero…   la descubrieron y llegó la prohibición: “nunca más entres en ese cuarto”.

Volvió mil veces a escondidas y mil veces la castigaron.

Un día , mientras el padre y las tías recibían una visita, entró y ...
Fue horrible!
la casita tenía un candado !!!

No pudo volver a jugar con ella, pero no importó!
Encendía las diminutas luces y miraba a través de las pequeñas ventanas. 
Nunca  más la  castigaron, pero... tampoco quitaron el candado!

Dos meses después de cumplir los 10 años, el padre falleció en un tonto accidente. 

Ese año, en Navidad,  los Reyes le regalaron una muñeca, a la que cortó el pelo y
con la que nunca jugó, también una vieja edición de La Isla Del Tesoro encuadernada
en piel roja guarnecida y .... la antigua  casita que fue de la madre.

Las tías, que cuidaban de la pequeña y de la casona lo mejor que podían, estaban expectantes
para ver su reacción.

Con ellas fue cruel.

La muñeca ya sin pelo nunca más le interesó, la casita ya sin candado jamás se atrevió a abrirla
 y el libro… el libro, manoseado por un par de generaciones anteriores, aún lo conserva. 
La isla del tesoro le dijo que estaba viva. 
Sin quererlo, ese día Mencía,  dejó de jugar para empezar a leer.

Ojalá pronto,  llegue a su casa un pequeño corazón que devuelva la vida al viejo juguete. 
Tal vez…